Enriqueta Lucio Lucero y su resistencia en la Normal Superior Graduada de Mujeres de San Luis (1874-1881)

Enriqueta Lucio Lucero y su resistencia en la Normal Superior Graduada de Mujeres de San Luis (1874-1881)

Enriqueta Lucio Lucero y su resistencia en la Normal Superior Graduada de Mujeres de San Luis (1874-1881)

 

Por Sonia Riveros y María Martha Garro

 

Este trabajo constituye una línea de investigación del proyecto “Hacer la historia, construir la memoria. Su impacto en las Ciencias Humanas” radicado en la FCH de la UNSL en la que indagamos la formación docente en clave de una historia de las prácticas educativas que se inscribe en las preocupaciones del presente. En este rastreo de mujeres que participaron activamente en los inicios de la educación en la provincia de San Luis hacia fines del siglo XIX, encontramos a las hermanas Lucio Lucero en quienes sus prácticas se testimonian a través de las incipientes escuelas que crearon en la provincia, improvisando aulas en los salones de sus casonas convocando a las niñas a integrarse a esos espacios donde oraban, leían, bordaban y aprendían los principios de las buenas costumbres y el comportamiento de la mujer cristiana. Las Lucio Lucero dejaron marcas que hoy podemos relevar en las fuentes documentales del Archivo Histórico de la Provincia y a través del nombre de tradicionales instituciones educativas de la capital de San Luis y en localidades del interior, tales como el Centro Educativo Lucio Lucero (San Luis) y la Escuela Francisquita Lucio Lucero (Merlo).

En el presente artículo nos dedicaremos a Enriqueta Lucio Lucero, mujer que si bien es reconocida por ser la protagonista de la 1° huelga docente del país (1881), existen otras vetas interesantes de destacar en su militancia por la educación de la mujer.

Luego de esta breve introducción nos proponemos en primer lugar, dar cuenta de las condiciones de posibilidad históricas donde se inscribieron sus experiencias formativas. En segundo lugar, recuperar sus discursos y prácticas en las instituciones en las que se desempeñó. En tercer lugar, destacar los procesos de configuración de su subjetividad, protagonista de luchas y resistencias y por qué no, de reivindicaciones en sus derechos como mujer y como maestra. Estos tres ejes que abordamos fueron posibles dada la recuperación de documentos y bibliografía hallados en la Biblioteca Nacional de la maestra y el maestro y en el Archivo Histórico de la Provincia de San Luis. Como adelantamos, Enriqueta es la penúltima de 7 hermanas, perteneciente a una familia reconocida en la provincia por su participación social, y en la gesta de la independencia. Hija de Sebastián Lucio Lucero y Salinas y Tomasa Lucio Lucero y Gatica, ambos criollos.

Enriqueta nació en el año 1830 según el censo de 1895, probablemente en La Carolina (San Luis), creció en una época de grandes penurias económicas que afectaba el pago a las tropas que defendían las inseguras fronteras, a los empleados civiles, a las y los maestros y a los diferentes abastecedores de alimentos, armas, ganado y otros elementos necesarios para vivir. La falta de recursos, de instituciones, de leyes que reglamenten su funcionamiento interno ubicaba a San Luis en una situación de desorganización militar, civil y eclesiástica. Recién en los años 50 pudimos constatar la emergencia de organizaciones relevantes que contribuyeron en la organización de San Luis con vistas al progreso del país. Por un lado, el Club de la Unión conformado por representantes de los departamentos y, por otro lado, la Sociedad de Beneficencia, institución fundada en 1857 que actuó en la caridad, la salud y la educación y en el sostenimiento de las bibliotecas populares.

A fines de 1850 el gobernador Justo Daract designó una comisión que participó en la organización de la instrucción pública cuyo resultado fue la solicitud al Gobierno de la Confederación de un subsidio atento a que la recaudación de las rentas no alcanzaba para el pago de los preceptores (Núñez, 1980). Seguramente Enriqueta debió educarse en las primeras letras junto a sus hermanas mayores en su casa ya que éstas venían dedicándose a la enseñanza de las primeras letras e incluso a dirigir, en el caso de Tomasa Lucio Lucero, su tía abuela, una de las primeras escuelas de niñas. Siendo muy joven completó su formación en la escuela de Gramática del Dr. Peregrino en Mendoza. De regreso acompañó a su hermana Rosario, casada con el General Juan Saá, al Morro una importante población en esa época, donde abrió una escuela particular importante de concurrencia.

Con gran esfuerzo, en 1858 en San Luis se creó un Colegio de Instrucción Pública secundaria y superior gratuita para varones que fue mitigando la falta de escuelas. El presupuesto de la provincia y los subsidios enviados por el gobierno nacional no alcanzaban para pagar a los maestros a quienes la deuda y el retraso en el pago del salario era una constante sumada esta dificultad a la ausencia de edificios, útiles, bancos y textos para brindar instrucción. Estas dificultades llevaron a la creación del impuesto al ganado, la única riqueza de la provincia para solventar las escuelas particulares que se iban abriendo en diferentes localidades.

En el año 1870 Amador Lucero inspector general de escuelas fue regularizando la penosa situación y años más tarde se fundó el Colegio Nacional que albergó a más de 30 alumnos junto a un anexo de instrucción primaria. De esta forma se iban abriendo espacios culturales y educativos para los jóvenes de la capital. La organización de la educación a nivel país fue prosperando dando la oportunidad a que los jóvenes obtuvieron becas para estudiar especialidades en otras provincias Lo mismo ocurrió con la creación en 1877 de la Escuela Normal de Tucumán y más tarde con la de Paraná.

A fines de los años 60 y luego de la adquisición de una imprenta, las comunicaciones y la prensa fueron adquiriendo relevancia a través de diversos periódicos puntanos La Actualidad, años después se le sumó El Porvenir (1864) y más tarde El Oasis, El Telégrafo y La Independencia. La provincia gradualmente fue ordenando sus límites, el alumbrado en sus faroles y desde 1871 el alumbrado público. El aseo de la ciudad y la provisión de agua era un gran problema, por eso la construcción de los primeros diques además de mejorar las condiciones mencionadas, dio trabajo a los pobladores y promulgó la contratación de profesionales de otras provincias y del extranjero. Durante varios lustros las pujas y conflictos entre unitarios y federales impactaron en el territorio de diversos modos, generando marchas y contramarchas en el anhelado progreso. Del mismo modo la dependencia económica y política con la Confederación y luego con Buenos Aires condicionaron varios aspectos del avance de San Luis, en particular en la educación.

La instalación de sucursales bancarias y luego el Banco San Luis posibilitó diversas inversiones y mejoras en la industria. Décadas más tarde, la minería fue adquiriendo relevancia a través de publicaciones en revistas europeas que daban a conocer las riquezas de la tierra puntana. En este punto, la llegada del científico, político y educador Germán Ave Lallemant, desde Alemania, fue muy importante ya que clasificó y realizó inspecciones en este rubro, en la flora y fauna (1873) y en los límites topográficos.

En la juventud de Enriqueta, varias epidemias causaron estragos en la población, la carencia de médicos y boticarios, de establecimientos hospitalarios sumado a la precariedad de las viviendas y calles, falta de agua y normas de higiene.

Los primeros censos encomendados por el gobierno nacional mostraban la composición de la población y la necesidad de crear escuelas y combatir “el ocio y la falta de educación en nuestras masas a cada momento hace necesaria la acción pronta y enérgica de la autoridad” (Núñez, 1980: 526). Esta situación llevó a la decisión de subvencionar las escuelas particulares ya que las setenta que funcionaban en 1872 no alcanzaban para alojar a la cantidad de niñas y niños entre 7 y 17 años. El alquiler y la refacción de edificios escolares bajo el gobierno del gobernador Lucero y Sosa (1866), fue ampliando las posibilidades educativas en las que la participación de la mujer a través de la Sociedad de Beneficencia fue fundamental.

La instalación de oficinas de correo nacional fue vinculando el interior de la provincia beneficiando a sus habitantes en el intercambio no sólo de correspondencia sino de diversos productos. En este sentido el trazado del ferrocarril facilitó considerablemente las comunicaciones entre San Luis y las provincias colindantes.

En el año 1871 ya funcionaban escuelas en San Francisco, El Morro, Renca, Villa Mercedes. La creación de la Escuela gradual, elemental superior y normal de mujeres (1872) avalada por el Inspector Nacional Don José María Torres, inauguraba un espacio de formación destinado no solo a las niñas sino de aquellas jóvenes que quisieran dedicarse al profesorado. Acompañó a la primera directora Feliciana Jofré de Adaro, una de las hermanas Lucio Lucero. La Sociedad de Beneficencia tomó cartas en el asunto recaudando fondos para que esta institución contara con un edificio acorde a su relevancia.

En esos años se incluyó al colegio nacional una escuela nocturna destinada a los trabajadores, con el fin de mejorar “el carácter moral e intelectual de las masas y el proletariado”. Esta tarea fue encomendada desde el gobierno al rector de esta institución Germán Ave Lallemant, que según nos relata Núñez, era conocido por su ideología política en defensa de los derechos del obrero. Años más tarde se propuso una escuela en la cárcel para presos y gendarmes, lo que nos hace pensar en una clara idea de la educación como herramienta moralizadora de aquellos sectores ubicados en los márgenes.

El gobernador Ortiz Estrada (1872) promulgó la primera Ley de Educación a partir de la cual la instrucción primaria fue declarada obligatoria. En la misma norma se determinó un fondo propio para las escuelas y se conformaron comisiones vecinales para la creación y sostenimiento de bibliotecas populares. Esta Ley que fue anterior a la de Buenos Aires, mereció las felicitaciones de Sarmiento invitando a que las otras provincias imitaran a San Luis.

La participación del Inspector Pablo Prunera fue muy importante ya que utilizó estratégicamente la educación en las campañas políticas con fines electorales. En esta oportunidad se fundaron varias escuelas, una de ellas en la localidad de Renca solicitada a Sarmiento como apoyo a la presidencia (Núñez, 1980).

La modernización del acto eleccionario también fue parte del escenario de cambios en los que Enriqueta fue testigo. Las urnas de cedro con doble cerradura fueron traídas de Buenos Aires a fines de 1870.

En los años 1880 el gobernador Zoilo Concha concretó una Casa Departamental de Gobierno a fin de concentrar las variadas oficinas administrativas desparramadas por la ciudad. La redacción de las memorias descriptivas fue importante ya que se sistematizaron acontecimientos que fueron publicados en el Oasis. El Club Social fue un espacio político y cultural de relevancia en el que se ofrecían banquetes y lujosas recepciones. Las niñas de la alta sociedad como Enriqueta eran presentadas por las matronas en lujosos bailes a los jóvenes para ser desposadas.

Durante los años 80 también se resolvió un importante problema de límites con la provincia de Córdoba, se crearon varias instituciones culturales tales como el Liceo Artístico donde se enseñaba música y dibujo, el Club Industrial y el Centro Unión y Progreso que funcionaba en las instalaciones del Colegio Nacional.

En esas condiciones de posibilidad históricas y con la llegada de inmigrantes a la Argentina, arribó a San Luis (1869) el ya nombrado científico, político y educador Germán Ave Lallemant, desde Alemania, quien contrae matrimonio el 27 de julio de 1872 con la Señorita Enriqueta Lucio Lucero, hecho que fue concretado con la autorización del obispo Achával. Lallemant era protestante y Enriqueta pertenecía como ya hemos referido, a una familia católica. Su matrimonio sin duda constituyó un acontecimiento y una transgresión para las singularidades que marcaban el destino de la mujer en la época. La educación para ambos constituyó el pivot desde el cual pensar, aportar y contribuir al proyecto civilizatorio provincial y nacional. Desde el cual pudieron desde las ideas y desde las prácticas efectivas generar las condiciones para el montaje de propuestas renovadoras y críticas, atravesadas por un dispositivo cultural y social conservador y tradicionalista.

 

La primera huelga docente

Identificada en el país fue realizada por la directora de la Escuela Graduada de Niñas y Normal de Mujeres, Doña Enriqueta Lucio Lucero (1881) designada como tal por decreto de fecha 28 de agosto de 1874. El motivo de esta práctica de resistencia y sublevación se debió al incumplimiento en la regularidad del pago de su sueldo y el de sus maestras por parte del gobierno provincial. Esta era como hemos adelantado, una práctica común, por lo que no debe sorprendernos, pero lo que sí llama la atención como acontecimiento sorprendente y extraordinario es la huelga. Recordemos que en esos tiempos las mujeres “educacionistas” estaban sujetas al apostolado, a reproducir y obedecer la normativa del estado a través del Consejo Federal de Educación y órganos provinciales y al patriarcado, padre, marido o hermano. Podemos afirmar en este sentido la triple resistencia de Enriqueta al plantear en la carta escrita de puño y letra, la decisión tomada. Sobre este singular acontecimiento, el historiador Núñez afirma que fue su esposo Lallemant el que “hizo firmar a su esposa Doña Enriqueta Lucero una queja dirigida a las autoridades nacionales, documento que desagradó al gobierno puntano que vio en su contexto intenciones políticas” (1980, 546). Sin posibilidad de constatar efectivamente cómo sucedieron los hechos ni quienes estuvieron detrás consideramos que la firma de Enriqueta y de las maestras que la acompañaron constituyen un dato que da cuenta de su conformidad.

Por otra parte, a partir de la afirmación de Núñez, es necesario destacar que mencionar sólo la queja en su carta, es reducir la impecable escritura en la que se hacen visibles las emociones y frustraciones que condicionaban la enseñanza y la dirección de una escuela en tiempos de carencia, de falta de derechos laborales y la imposición de deberes y obligaciones por parte del estado y de la sociedad en su conjunto. El mismo Sarmiento califica a la carta como escrita en términos verdaderos y correctos aduciendo además que “ya había sido recibida una carta similar pero que no fue tenida en cuenta porque la autoría no pertenecía al profesorado de la escuela” (Menéndez, 2021.)

Destaquemos que el “indudable magisterio” de Enriqueta seguramente se vincula a su esposo quien trajo los principios de la renovada pedagogía alemana, además de la disciplina escolar y la formación moral (Gatica de Montiveros, 1988:28). Enriqueta, como ya mencionamos anteriormente, fue la primera directora que se resistió a las prácticas del gobierno provincial, sublevándose al escribir una carta al entonces gobernador de la provincia Don Zoilo Concha, con copia a Domingo Faustino Sarmiento, Superintendente General de Escuelas. En ella, expone detallada y críticamente la situación de irregularidad del pago de su sueldo y de las ocho maestras que la acompañaban en la Escuela Normal. En uno de los párrafos expone que decide suspender las tareas escolares porque “no nos queda otro remedio” (El Monitor de la Educación, 1881). Esta inusual práctica de resistencia produjo varios efectos en el medio local y en el gobierno; por una parte, fue destituida del cargo y criticada públicamente por el periódico local el OASIS que consideró “la poca cordura con la que ha procedido por las señoras Profesoras en un paso trascendental, cuyo alcance indudablemente no ha podido ser por ellas ni soñado ni entrevisto” (Domingo 27 de noviembre de 1881. Año VI. Nº 435).

“Injustas recriminaciones y á extemporáneos alardes de pujanza y valor desmedidos, llegando los exponentes a execrar la debilidad de los maestros, la cual no es de extrañarse pues, según el decir de las Sras. Profesoras del Colegio Superior de Niñas, deben estar tan pasados de hambre, que de seguro necesitarán arrimarse á las paredes cuando tengan necesidad de hacer fuerza para hablar” (El Oasis,27 de noviembre 1881).

El saber y la verdad sobre las prácticas docentes de estas maestras que se pusieron de manifiesto a través de comentarios cargados de burla y de ironía que siguieron durante varios días en la prensa local, nos llevarán a explorar y analizar las relaciones de éstas con la educación, con la vida cotidiana de la escuela y el entorno sociocultural que la rodea pasando por las relaciones con la práctica política (Zuluaga, 1927: 22). Como así también, identificar las expectativas que la sociedad y el gobierno tenían sobre la mujer/maestra en cuanto a la posibilidad de manifestar una queja ante una situación de injusticia. Tal fue así, que por decreto N°116 del 25 de noviembre de 1881, ella y las demás maestras, fueron destituidas de sus cargos. Quedaron más de 350 niñas sin escuela ya que recién en 1884 el gobernador Zoilo Concha y el gobierno nacional decidieron convertirla en una escuela Normal nacional, con la dirección de la maestra normal Adela Horney que llegó a San Luis para cumplir con esta tarea educativa y cultural.

En este eje de análisis pudimos advertir a partir de la bibliografía relevada que las historiadoras y escritoras puntanas que han reconstruido la vida de Enriqueta, no han hecho visible en sus escritos las resistencias o las prácticas por fuera de la norma de la época como fue el caso de la primera huelga del país que encabezó la mencionada Enriqueta Lucio Lucero.

En cuanto a las ocho maestras que acompañaron con su firma la carta, formaban parte de singulares familias de la época. Sin quitarle los méritos a ninguna de las partes, consideramos la necesidad de analizar toda la situación en su complejidad. En otras palabras, no es nuestra intención ubicarnos a favor o en contra de Zoilo Concha que gobernaba la provincia con todas las penurias y dificultades a las que hemos hecho referencia más adelante, sino entender la época para identificar las posiciones y las funciones que cada quien desempeñaba.

Finalmente hemos presentado un avance de una investigación mayor sistemática y rigurosa sobre las mujeres formadoras de la ciudad de San Luis en este caso nos hemos explayado sobre una de ellas. Enriqueta Lucio Lucero irrumpe en su época no solo como mujer de su tiempo sino por las singulares prácticas que llevó a cabo en la educación puntana, conocida en la historiografía de la historia de la educación por el suceso que encabezó en la primera huelga docente. Hecho que nos ha exigido desde este presente volver a revisitar las fuentes testimoniales documentales primarias y secundarias. En algunos casos ha circulado en forma errónea por diferentes ámbitos de divulgación de conocimiento, reduciendo a la Directora de la Escuela Normal Superior Enriqueta Lucio Lucero sólo a esta práctica de resistencia desconociendo las condiciones de posibilidad histórica del dispositivo político, cultural y social del San Luis de fines del siglo XIX. Y lo que es más grave aún el desconocimiento de su trayectoria como educadora, su biografía, sus atravesamientos afectivos y subjetivos que la tensionaron y la problematizaron como mujer en su tiempo.

 

Este trabajo fue publicado por las autoras en el libro Maestras Argentinas.Entre mandatos y transgresiones ( Vol3) editado por el Centro Cultural de la Loma Ediciones , la Sociedad Civil Inconsciente Colectivo y la Cooperativa Margarito Tereré.